domingo, 10 de mayo de 2009

LA ESCUELA UNO VISTA DESDE AFUERA


LA ESCUELA UNO VISTA DESDE AFUERA

 

Cuando supe que se haría una jornada de evaluación sobre lo hecho y vivido en torno al Proyecto Escuela Uno, me propuse aportar una mirada externa pero no por ello menos comprometida, cierto que la organización del evento no hacia mención explicita de dicha posibilidad pero siempre he sido bien acogido en este espacio y las ideas y conceptos que he asociado al proyecto, extraídas de mi pocos momentos allí, me daban a entender que podía ser bien vista una mirada desde afuera. Otras cosas me alejaron de la evaluación, pero aquí va este modesto intento .

 

El universo semántico asociado al proyecto es lo que le da fuerza: ocupación, patrimonio, contracultura, comunidad, ecología, democracia, diversidad, educación popular, libertad. El contexto, por su parte, es lo que valida este universo y le otorga su particular sentido: un municipio tecnócrata y fuertemente ligado al capital privado, un proyecto de desarrollo local que se obnubila ante las mega inversiones y se mantiene insensible ante propuestas de desarrollo alternativo y de pequeña escala, una cultura local abrumada por los medios de comunicación de masas y sojuzgada por resabios autoritarios, machistas e individualistas, un orden económico basado en la competencia, la acumulación y la desaparición de formas cooperativas, colectivas y solidarias para la resolución de las necesidades sociales, en fin, la mutación de los  ciudadanos en consumidores.

 

La instalación de los conceptos enunciados anteriormente se ha logrado gracias a una practica intuitiva, casi como el hexágono que vemos en un panal de abejas, no hay un propósito en las abejas de construir hexágonos, es la simple presión de sus cuerpos la que genera esa figura. Acá ocurre algo similar, salvo el hecho de que existe una complicidad no explicita entre quienes adherimos al proyecto, en el sentido de que no nos satisface el estado de cosas que surge del contexto, no hay un manifiesto ni una declaración de principios que explique como se reúnen estas ideas. El porque es así, tiene fácil explicación: a estas alturas, mas que hijos, somos nietos de la guerra fría, nietos que no toleran la coherencia intransigente de grandes sistemas políticos e ideológicos, no solo desprestigiados por sus oponentes, sino también por su torpe practica y su peor caída (no vemos diferencias entre el socialista y real desastre de Chernobil y el derrame de petróleo del buque tanque de Shell, en Magdalena, Argentina o entre el archipiélago Gulac y la Isla Dawson); preferimos un margen de maniobra que de cabida a toda una diáspora de descontentos, que cree lazos mas que limites. Donde se den la mano, sin culpa ni desconfianzas, sensibilidades tan diversas como las que emanan de las practicas de resistencia a la dictadura, las que adhieren al reconocimiento de valores y practicas ancestrales de los pueblos originarios, las que revitalizan el sustrato hippie que se encuentra en la epidermis de nuestra sociedad (aunque no lo queramos reconocer), las que renuevan el anarquismo (como una curiosa simetría entre dos principios de siglo),  etc. etc. En fin, todo esto mezclado con la mochila de expectativas rotas, suerte de paraíso perdido, que nos legaron nuestros padres, profesores y gobernantes. Que mejor que una pagina en blanco para garabatear tanta desilusión.

 

La pagina en blanco estaba rota, sucia y escondida en un rincón de la ciudad, los que la descubrieron se están mereciendo la gratitud de una ciudad entera. La limpiaron y le han colocado cinta adhesiva, como esos billetes que siguen circulando aunque los miremos con desconfianza.

 

Eso es lo que para mi caracteriza el proyecto Escuela Uno, su capacidad de ser muchas cosas, tantas como las desilusiones que podemos encontrar en nuestros compañeros, vecinos, colegas y en el fondo de nuestro corazón. Es un saco sin fondo, con un rotulo no escrito afuera, pero que todos sabemos leer.

 

El paradigma urbano de esta idea es, sin lugar a dudas, la plaza publica. Un lugar desprovisto de propiedad, dejado allí a propósito para acoger el encuentro ciudadano, abierto a toda actividad humana consensuada por la ciudad, para todos y para todo. El lugar del mercado, el lugar donde nos encontramos con Aristóteles impartiendo sus enseñanzas ambulantes, el lugar donde se representa la sátira a los tiranos, donde los goliardos alegran y de paso escandalizan a la jerarquía eclesiástica, donde se encuentran las columnas del carnaval, donde se saca el agua del pozo, donde se proclama la libertad a viva voz, donde se defiende el honor a punta de dolor, donde se hace publico el encuentro amoroso, donde decimos quienes somos a través del lenguaje simple de nuestra apariencia. La plaza es la huella histórica de nuestro sentido gregario y como tal tiene un gran poder de subversión, usar un metro cuadrado de ciudad para el encuentro ciudadano y no para la inversión inmobiliaria es hoy un acto de rebeldía. Por lo anterior es que me resulta tan detestable que inmensos centros comerciales utilicen la palabra Plaza para promoverse, el Mall Plaza Vespucio o el Mall Plaza Maipu devoran ciudadanos y escupen consumidores, no me extrañaría que el Mall, perdón, la mole, que se levanta ocultando el cielo de Centenario, pase a llamarse Mall Plaza San Antonio.

 

Pero la Plaza tiene también una doble faz, es el lugar donde la autoridad de turno, muestra su poder, es donde se ahorca al rebelde, donde el pregonero declama los edictos del emperador, donde se realizan los autos de fe, donde se instala la guillotina y donde las tropas se ordenan para la guerra.

 

Pienso que una de las cosas mas difíciles que tiene el proyecto escuela uno es, precisamente, hacer que el paradigma que prevalezca sea el primero de los nombrados; es difícil porque la tentación de construir un patíbulo al medio de la plaza está siempre presente. El deseo de imponer un proyecto único por la fuerza, se encuentra en nuestro escudo nacional y la ilusión de poder, necesita de voluntades doblegadas. Como no estamos hablando de un lugar desierto, sino de conciencias mancomunadas circunstancialmente por la existencia de esta hoja en blanco, me atrevo a decir que el principal logro, a la fecha, del proyecto escuela uno, es el de mantener la plaza abierta a todos y para todo aun a costa de los riesgos que ello implica (en las plazas también hay personajes oscuros, traficantes nocturnos y embaucadores de ilusos).

 

Lo que he visto hasta ahora y que responde a la gratitud a la que ya hice mención, es lo siguiente: poemas colgando como ropa tendida; murales y rayados ingenuos gritando esperanza o simples colores, claroscuros de esténciles sobreutilizados; música: diversa, contestataria, metafórica, alucinante, rescatada de espíritus libres, pálpitos irreverentes a ratos molestos, experticias individuales, callejones sin salida, sonidos que evocan estados primigenios o aventuras espaciales, también lo mas duro y lo mas frio, la rabia hecha música y el susurro del amor; creatividad: soluciones apropiadas, lo simple hecho tecnología, hecho receta de sobrevivencia; la amistad, terreno ignorado por los cultores del mercado, la amistad como sistema de vida, la amistad como refugio subversivo de voluntades agraviadas por el sistema. También ejercicios de democracia, asambleas que bien podrían ser conversaciones de sobremesa, sin protocolo ni censura, sin orden de llegada ni “segunda citación”, sin voto secreto ni maestro de ceremonias. Experiencias agrarias, semillas sobre el hormigón y paisajismo de piedritas zen. Deporte: la pichanga dominguera y el saltar en la cuerda. Performans irreverentes y elucubraciones de pasillo.

 

En fin, si de evaluar se trata, creo que una mirada externa resulta con saldo a favor. Sin embargo hay dos temas que no puedo soslayar, uno es reciente en San Antonio: la ocupación de la escuela; es la primera experiencia que conozco, de una acción de esta naturaleza, en la provincia; no podría haber tenido un mejor lugar para su manifestación que esta escuela. Lugares abandonados en San Antonio, hay muchos, no puedo dejar de pensar en el antiguo sindicato de los estibadores de Barros Luco o en mas de alguna casona de Cartagena, que tanto conozco; pero, ocupar una escuela es atacar el corazón de la insensible conciencia de nuestro aparato estatal, es gritarle a todos que el viejo eslogan de Aguirre Cerda “gobernar es educar” se esta pudriendo, a menos que un grupo de audaces lo resucite desde los escombros. Hoy, educar es un negocio subvencionado y aquí se quiere usar un espacio para hacerlo gratis. Nada que decir, punto a favor del proyecto escuela uno. El otro tema tiene que ver con algo personal, imagino la escuela reconstruida, la imagino, con pavimentos, luz eléctrica, agua en los baños, vidrio en las ventanas, la imagino llena de vida, con gente las 24 horas del día, la imagino verde de plantas y colmada de herramientas, libros, instrumentos musicales, esculturas y hombres y mujeres consientes de que el proyecto es menos importantes que el deseo insatisfecho de hacer una sociedad mejor para todos. La Plaza no debiera ser solo la escuela. Todo lo anterior esta dicho solo como preámbulo para llamar la atención sobre algunos detalles; siento que hay que ser muy cuidadoso para defender el espíritu primigenio del proyecto; desconozco como se hace pero como soy arquitecto voy a recurrir a un par de imágenes: en la esquina de mi cuadra hay un jardín, lo hizo una señora que vive al frente, comenzó a plantar plantitas ella sola, lo regó ella sola, creció solo y todos quienes vivimos en la cuadra estamos felices de su jardín, no nos impuso el jardín porque ella actuó en el marco respetuoso de un conceso tácito, allí puede haber un jardín pero la municipalidad no lo va a hacer porque … no se porqué. En el otro extremo de mi cuadra hay un “oratorio” a San Expedito, es horrible, no se quien lo impuso, se trata de un proyecto no consensuado que a mi juicio, no debieran recurrir a un bien de todos para su manifestación. Para mi, ese San Expedito no es otra cosa que la manifestación de un sensibilidad fascista. La contradicción entre ambos proyectos es evidente, Si solo una de las sensibilidades que se dan cita en la escuela pretende posicionarse, bajo cualquier pretexto, por noble que sea, de un modo no consensuado, estaremos transformando la Plaza en otra cosa, una iglesia, el local de una logia, el templo de algún dios, el gueto de algunos desplazados, el local del partido político, la casamata de la artillería anti sistema o lo que es peor aun, el panóptico de las conciencias libertarias de nuestra ciudad.

 

Al proyecto Escuela uno, con todo cariño.

 

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