No dejes que se saque los zapatos y se meta dentro del saco. No dejes que baje el cierre o te pida un beso. No dejes que te tumbe sobre la arena ni salve la barrera del pudor. Haz que se arrepienta y detenga el tiempo para poder mirarte por última vez. Insiste, no dejes, pídele que evite vuestra muerte, dale un adelanto,
dile que el mar les quitará la vida al caer la noche.
Mi amor, la vida nos da este regalo, quisiera darte la mano y calmarte
para que cierres los ojos y mueras en calma junto a mi pecho.
Insiste, dile, dile de nuevo que la playa esta noche es peligrosa.
No dejes que torne sus pasos en la bruma, que camine hacia tu desgracia.
Ahora quiero recobrar el sol.
Llegarán al lugar, harán informes, hablarán de los fallecidos,
del cataclismo y de nuestros ahorros mi amor,
dirán que buscábamos la paz en nuestras vidas,
pagar las cuentas y vivir un gobierno de ultraderecha por televisión,
creímos comprender que andábamos sueltos por el mundo,
poniendo atención a nuestros cuerpos, fuimos uno mi amor,
encarnados en el rumor que inexplicablemente esa noche nos rugió.
No registré llamadas.
Las cámaras no registraron nuestros últimos gemidos.
Algo primitivo y desnudo ha empezado a agitarse dentro de ellos. Nos da la impresión de asistir a una suerte de rito de exclusión celebrado en una comunidad arcaica contra un tema peligroso. Una señora muy perturbada por la alegría exhorta en la televisión: Es el fin de la democracia! Para ser subversiva la crítica no necesita juzgar, le basta hablar de lo juzgado en vez de servirse de ello. La realidad es la realidad que se conoce, tan real como la realidad que se necesita, afortunadamente cada mundo está embarazado de otros mundos, para no ser mudos hay que empezar por no ser sordos.