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Este cuadro muestra una representación poco tradicional de la coronación de espinas que pinta la escena casi en un plano con grandes cabezas, y más que un incidente de la pasión apunta a un sentido universal de lo demoniaco, contrastado con el reino de los cielos. Podemos ver a Cristo en el centro, quien expresa una inmensa paciencia y aceptación. Los atormentadores que están alrededor de él en cambio, no fueron pintados aquí, como en otras composiciones de la época, como figuras extraterrenas que agreden directamente besando los pelos o hiriendo la carne.
Aquí los verdugos de Cristo aparecen como cuatro tipos humanos que en la mente medieval representaban una visión total de la humanidad. Porque cada uno de estos tipos es como una gran tentación, para la espaciosidad y paciencia de la expresión de Cristo.
Son cuatro estilos de enajenación y pérdida de ecuanimidad interior. Mucho podemos meditar sobre estas cuatro tentaciones, pero para nosotros al comenzar un largo itinerario, el personaje de abajo a la derecha es particularmente relevante, si ustedes se fijan, tiene a Jesús sujeto por el manto, lo afirma contra el suelo, lo retiene y restringe su libertad fijando su perspectiva, parece estarle diciendo: pero si yo sé! Yo ya lo sé!
Es la tentación de la certidumbre, nosotros tendemos a vivir un mundo de certidumbre, de solidez perceptual indisputada donde nuestras convicciones prueban que las cosas solo son de la manera en que las vemos y lo que nos parece cierto pareciera no tener otra alternativa, es nuestra situación cotidiana, nuestra condición cultural, nuestro modo de ser humanos.
Interpretación del cuadro realizada por Humberto Maturana en:
"El árbol del conocimiento"
Francisco Varela y Humberto Maturana