
No puede resistir tomar el nuevo camino,
el camino del día que se teje en el Atronio.
Entre los pasillos estrechos de casas iguales
con distinto jardín, ampliado y color,
cuelgan cosas bonitas y en otras
se mece la tristeza, se pinta y clava en los techos.
Es la que con los años teje a los niños,
la que cada día toma un camino diferente
sin saber lo que va a venir, se va enredando
entre las ramas y la madeja amarra los nidos.
Ella no teme a los perros, ni al propio miedo de dejar
volar las lanas al viento o que se rompa el chaleco
quedando como volantín atrapada entre los cables
esperando, guardando como tesoro el silencio.
Es quien se va con la vida y el calor de los vientos
en bicicleta cantando a la tierra y sus caminos.
Aterrizando en lo cerca o en lo lejos,
resbalandole el sudor y la nieve del ruido.
A veces se imagina muy lejos de ti Atronio
se le apresura el corazón y no dice nada.
Imagina que llega el día en que intentas vivir en la tierra
junto a todas las santas que tejen tu virtud y su guerra.
Hay mucho que aprender y poco que tener,
nos comprendemos, bajo los primeros murmullos
del invierno, que corre por los callejones
haciendole enrojecer su cuello que derriba el viento.
La fusa