Poema, el gato
En
el techo viejo
Poema
se acomoda:
luz
en su pelaje.
Cruza
el patio lento,
como
cada sombra
fuera
un pensamiento.
Bebe
luna llena
bebe
el firmamento
en
el cuenco de agua
sin
hacer niun ruido.
Cuando
mira me habla,
que
todo el silencio
tiene
su latido.
Y
al dormirse cerca,
suave
como otoño,
el
mundo respira
y
es guardián del viento
puel
gato Poema,
camina
a paso andino
si
hojas viejas
fueran
alumnas.
En
cada paso
enseña
la
quietud
del jardín
que
ha esperado
siglos.
Al
amanecer
salta
sobre la piedra
tibia;
abre
un ojo,
luego
el otro,
como
quien abre dos puertas
a
la primera luz.
Nada
lo apura.
Ni
el rumor del bambú,
ni
el roce del agua
en
la acequia del fondo.
Poema
sabe
que
el mundo ocurre igual
aunque
no lo vigile.
A
veces se detiene
y
mira un insecto.
Yo
no sé si lo estudia
o
si le habla,
pero
el insecto se queda,
como
si entendiera
que
Poema trae noticias
de
un reino más suave.
En
la tarde
se
acuesta en mi regazo,
y
su ronroneo
parece
el sonido remoto
de
una campana escondida.
Entonces
comprendo
que
Poema no es un gato,
sino
un verso antiguo
que
alguien escribió
sobre
la orilla del tiempo.
Y
mientras duerme
con
los bigotes temblando,
la
noche entera aprende
a
respirar más lento.
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